
CUALQUIER manual de sindicalismo aconseja que no hay que convocar una huelga
que no tenga garantizada una salida alternativa, porque un fracaso suele tener
repercusiones muy negativas para los que secundan el paro.
Los
convocantes de la huelga del transporte de carretera que no se sumaron al
acuerdo alcanzado la semana pasada con el Gobierno, Fenadismer, Confedetrans y
Antid, decidieron ayer suspender temporalmente el paro después de que algunos
intentaran, sin éxito, colapsar los accesos a la ciudad de Madrid. De hecho, las
consecuencias del paro eran imperceptibles.
Un sistema de controles
montado por la Guardia Civil impidió que los camiones vacíos entraran en la
capital, con lo que la operación de bloqueo, que era la última carta que podían
jugar para forzar al Gobierno, se vio anulada. No les quedó a los convocantes
otra opción que renunciar a su actitud de presión y volver al trabajo. Un
fracaso, después de una semana de movilizaciones, porque no sólo no han logrado
que el Gobierno cediera en la tarifa mínima obligatoria, sino que les ha
reportado pérdidas, tanto desde el punto de vista moral por los perjuicios
causados al conjunto del comercio y la industria, como desde el punto de vista
económico, al no poder facturar a los cargadores. Teniendo en cuenta que la
mayoría de estos son autónomos, los daños sufridos son irrecuperables.
De hecho, plantearse una reivindicación inasumible es ir directamente al
fracaso. Poner a prueba los márgenes de negociación del que se sienta en la
mesa, aunque el que esté enfrente sea un gobierno, es una irresponsabilidad que
puso de manifiesto la falta de cultura de la negociación, basada únicamente en
la amenaza y en demandas populistas y maximalistas. Cuando los negociadores más
sensatos asumieron que la tarifa mínima era imposible y que preferían acuerdos
asumibles para paliar el aumento del coste del combustible, la partida estaba
decidida. Alargarla era un suicidio.
Una vez desconvocado el paro -
queda todavía la minoritaria Plataforma por el Transporte en Carretera, que
reúne al sector más radical-, al Gobierno le resta alcanzar la paz social. No
hay que olvidar que las causas de la protesta son reales y que el del transporte
por carretera es un sector muy atomizado que, además del alza del crudo, sufre
directamente la caída de la oferta en el sector de la construcción.
Por
fortuna se ha impuesto la sensatez frente a quienes tentaron irresponsablemente
al demonio de la radicalidad. Ahora se trata de cerrar la cuestión de forma
responsable.