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Asesinos por aburrimiento

Prácticamente todos, en nuestra juventud, realizamos grandes “hazañas”. Solos o en compañía de nuestros amigos nos enfrentamos al desafío de madurar y nos rebelamos contra una sociedad que no comprendemos del todo y en la que aún no nos hemos integrado plenamente.

Con muchas ganas de vivir nuevas sensaciones pero con pocas responsabilidades, menos dinero y abundante tiempo libre, los jóvenes se retan a sí mismos y a sus amigos a hacer cosas, generalmente estúpidas, pero que parecen grandiosas. Y ahí aparecen los problemas. El mágico impulso de la frase “a que no hay huevos” llena de jóvenes las salas de urgencias de todos los hospitales cada fin de semana. Aprenden así por las malas que beberse media botella de vodka, entrar en casa escalando la fachada, o intentar demostrar que esa curva se puede pasar a más de 100 Km/hora no son buenas ideas.

Que comprendamos estos impulsos no significa que los justifiquemos. Todos son -o deberían ser- conscientes de que sus actos pueden afectar seriamente las vidas de otras personas. Este fin de semana hemos visto un caso especialmente trágico y estúpido: un grupo de jóvenes belgas, varios de ellos menores de edad, creyeron que era buena idea tirar objetos desde un puente a los vehículos que circulaban por la autopista. Y ¿qué mejor objeto que una tapa de alcantarilla de más de 20Kg? Como era de esperar, la tapa atravesó limpiamente el parabrisas de un camión español y provocó la muerte instantánea del conductor. Su esposa, que iba a bordo, tuvo la suficiente presencia de ánimo para tirar del freno de mano y detener el vehículo sin más daños.

Ya han sido detenidos, acusados de asesinato, 5 de estos jóvenes entre los cuales hay dos menores de edad.

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