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La principal fuente de contaminación en el transporte son los vehículos de combustión. No puede haber duda de ello y en consecuencia los legisladores intentan imponer el modelo de movilidad eléctrico a pesar de su inmadurez técnica y promoviendo con enormes inversiones el transporte por ferrocarril, que sigue siendo testimonial.

En este contexto, la compañía estatal AENA ha lanzado una noticia sorprendente: Va a subvencionar a las empresas que realicen transporte de mercancías por vía aérea usando aeronaves de gran tamaño con el reembolso del 75% de las tarifas de aterrizaje.

Sumado a las exenciones de impuestos del combustible para aviación que se aplican a este medio de transporte desde hace décadas, y a los rescates y ayudas que han venido recibiendo los operadores, nos encontramos con la paradoja de que el medio de transporte más dependiente de las ayudas públicas es -con mucha diferencia- el más contaminante.

Incluso, rizando el rizo, nos encontramos con datos escalofriantes como el que proporciona Greenpeace: los vuelos en jet privado, el medio de transporte más contaminante que existe pero también subvencionado con la exención de impuestos al combustible, crecen de forma alarmante. Entre 2020 y 2021, último dato comunicado, sólo en España crecieron un 74%

En este mundo global, en que las cadenas de suministros se alargan al máximo para aprovechar los bajos costes laborales de países menos escrupulosos con la protección de sus ciudadanos, el transporte aéreo tiene su nicho y es necesario. Pero sería sensato repensar seriamente la necesidad de subvencionarlo tanto mientras siga siendo una fuente de contaminación tan importante.

Empresa de transportes por carretera en Barcelona

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