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Casi uno de cada cuatro siniestros en la mercancía es un robo. Además de los daños producidos a su vehículo y la pérdida de jornada presentando la preceptiva denuncia, el transportista robado o atracado es responsable de la mercancía que transporta y debe indemnizar al cliente. Por suerte, tiene un caro seguro de mercancías que cubre esta contingencia.

Y ahí viene cuando apalean al cornudo. En la gran mayoría de casos, el seguro se desentiende del pago, y si tiene la osadía de reclamar judicialmente se encontrará con que no solo tendrá que perder más jornadas de trabajo y pagar las elevadas costas de juicio y abogados sino que lo habitual es que se determine que el transportista es culpable de dolo y por tanto no tiene derecho a ninguna indemnización.

Dolo significa “la voluntad maliciosa de engañar a alguien o de incumplir una obligación contraída”. ¿Y cuál es el engaño o incumplimiento que ha cometido el transportista? Pues parar donde buenamente puede para hacer los descansos obligatorios en lugar de hacerlo en un área de descanso vigilada (casi siempre de pago).

Sólo el 3% de las áreas de descanso en toda Europa son vigiladas. Según la Eurocámara, serían necesarias un mínimo de al menos 100.000 nuevas plazas en las vías principales preo nadie se atreve a hablar de la seguridad en el resto de vías y mucho menos en polígonos industriales donde tienen que detenerse a la espera de que abra sus puertas el consignatario.

Para rematar el apaleamiento al transportista, la letra pequeña de las pólizas de seguro se asegura de negar la cobertura si la mercancía transportada tiene cierto valor: productos electrónicos, licores, cobre, tabaco, prensa… cada aseguradora tiene su propio listado de mercancías excluidas de cobertura (o con cobertura limitada) Lo único que tienen en común es que son listas muy largas y afectan a los productos que más necesitan de un buen seguro.

Empresa de transportes por carretera en Barcelona

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