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Pagar más por la electricidad barata.

La barata electricidad de origen renovable es mala para nuestros bolsillos. Parece una contradicción, pero en el sector eléctrico es lo que se piensa. Las fuentes renovables de energía ya han demostrado que son competitivas, aunque no son constantes ni todo lo fiables que necesitan los consumidores. Hay ratos en que sol y viento producen toda la electricidad que necesitamos, pero en otros momentos las nubes aparecen o el viento se calma y se debe quemar gas o  fisionar uranio para producirla. Los métodos para acumular la electricidad sobrante de la red para poder utilizarla en horas de baja producción siguen en mantillas.

En este momento la Unión Europea está desperdiciando más del 18% de la energía renovable que produce, y al mismo tiempo sigue quemando combustibles fósiles para producirla. Puntualmente la electricidad se subasta a coste 0 o incluso negativo, pero nuestra factura nunca baja significativamente. ¿Cómo es esto posible?

Cada vez más viviendas y fábricas producen su propia electricidad, pero no pueden volcar los sobrantes en la red para que la aprovechen otros (y de paso obtener un beneficio) La razón es principalmente administrativa: las trabas burocráticas prácticamente impiden que los particulares vendan la electricidad que generan. Hace años que se pide una simplificación de los trámites, pero volvemos a la electricidad barata. Esta electricidad tiene que ser compatible con los estándares, a una frecuencia muy estable y sin armónicos ni irregularidades. Conseguirlo en grandes centros de generación y distribución es sencillo, pero las empresas no quieren tener que controlar millones de instalaciones individuales de distintos tipos y calidades. Ni invertir millones en reorganizar sus redes para que funcionen eficientemente en ambos sentidos. Menos aún con el precio de la electricidad tan barato a que están forzando las fuentes renovables.

Todos los hogares e industrias están invirtiendo en eficiencia para reducir el consumo, pero la factura apenas lo nota. Y cada vez menos. El consumo de energía eléctrica está bajando y sus precios aún más. La razón es que la red de distribución es cada vez más compleja. Se deben pagar “peajes” y subvenciones para mantenerla y para que sigan construyéndose suficientes centrales de producción que atiendan la demanda de noche o cuando no hay viento. El famoso término fijo de la factura de la que no hablan los comerciales que llaman continuamente para que cambies de compañía.

Cuanto más energía barata haya, más deberá subir la parte fija de la factura para mantener la red en funcionamiento.

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