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Un santo contra la muerte del papel.

El papel está muriendo lentamente. El vídeo en streaming, las aplicaciones para móvil, la inmediatez de internet y la comodidad del libro electrónico han acabado con innumerables editoriales y revistas. La tradición de leer el periódico en papel cada mañana prácticamente ha desaparecido y los supervivientes han tenido que adelgazar sus contenidos para subsistir. Las grandes enciclopedias compradas a plazos ya no adornan nuestros comedores…

En medio de esta crisis sin precedentes del mundo editorial, hoy es el día de San Jorge / Sant Jordi. Se espera que, un año más, se vendan suficientes libros para dar un respiro a esta industria.

El martirio de un soldado en Tierra Santa mucho antes de la invención de la imprenta parecería que poco tiene que ver con la promoción de los libros. Pero en 1929 un avispado escritor valenciano consiguió que el Día del Libro -instaurado en 1926 para celebrarse los días 7 de octubre- se trasladara al 23 de abril. Ya era una tradición catalana regalar en esa fecha una rosa a la enamorada, pero una hábil campaña consiguió que a cambio ellas le regalasen a ellos un libro. La tradición creció hasta el punto que hasta los bancos regalaban una rosa y un libro especialmente editado a todos sus clientes (aunque por desgracia esto ya hace mucho que se ha perdido)

La enorme cantidad de libros vendidos en estas fechas hizo que el ejemplo cundiese hasta el punto de que en 1995, y a petición de la Unión Internacional de Editores se consagró el 23 de abril como “Día Mundial del Libro” Como argumento histórico adicional, esta mismo día de 1616 fue enterrado Miguel de Cervantes y se atribuye el fallecimiento de  William Shakespeare, las más reconocidas plumas en Español e inglés.

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